La mañana del dos de enero trajo consigo la cruda realidad de una cuenta regresiva. En la mansión Lockwood, el ambiente era una mezcla frenética de eficiencia corporativa y preparativos nupciales.
Quedaban exactamente veintiún días para la boda, y el calendario de Alma estaba saturado de citas con las pruebas de vestido, la elección de mantelería y detalles de seguridad.
Sin embargo, el mensaje de Henry seguía quemando en la bandeja de entrada de su teléfono.
— No te sientas culpable por lo que