Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer en la propiedad de Henry Daniels no trajo la luz de la esperanza, sino una claridad grisácea y fría que se filtraba por las persianas cerradas.
Alma no había dormido un solo segundo durante toda la noche, permanecía sentada en un sillón de cuero, con el hombro inmovilizado y la mirada perdida en la puerta principal.
A su lado, Elena descansaba bajo el efecto de analgésicos suaves, pero sus manos se movían inquietas sob







