Capitulo 16

Evangeline Olmos

​El sonido metálico y seco del pestillo al abrirse fue lo único que me devolvió a la realidad del remolque. Maximilian cruzó el umbral con esa elegancia imponente y rígida que lo caracterizaba, cerrando la puerta detrás de sí y dejándome sumida en un silencio denso, alterado únicamente por el zumbido constante y monótono del aire acondicionado provisional. Me quedé apoyada contra el borde del escritorio de metal gris, sintiendo el frío del material colarse a través de la tela
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