Maximilian Voss.
La furia que me quemaba por dentro era un veneno espeso, un fuego negro que amenazaba con destruir mi fachada ejecutiva frente a los hombres de negocios más importantes de la costa norte. Mientras el señor Benavides se deshacía en detalles sobre la cimentación del muelle, yo no escuchaba absolutamente nada de lo que decía. Toda mi atención, cada uno de mis instintos depredadores, estaban concentrados en los diez metros que me separaban de Evangeline. Ver los dedos de ese ingen