Evangeline Olmos.
El trayecto en la camioneta ejecutiva hacia los terrenos de la construcción se desarrolló en un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el sonido del motor y el murmullo de la radio local. Sentada en el asiento trasero al lado de Maximilian, podía sentir la inmensa distancia profesional que él había vuelto a erigir entre los dos; miraba su tableta corporativa, revisando datos financieros con una frialdad que me hacía dudar de si el hombre que estaba a mi lado era el