La mañana siguiente al encuentro clandestino nació con una luz inusualmente brillante, pero para Alexander, cada rayo de sol y cada amanecer en esa casa continuaba siendo una amenaza.
El aire en la mansión Miller se sentía más denso, el secreto que compartía con Helena era un tesoro de cristal a punto de romperse, que debían cargar a través de un campo de minas.
El Dr. Arriaga llegó a las diez en punto. Magnus, con su habitual aire de posesión absoluta, ya esperaba en el umbral de la habitación