El despacho de Magnus Miller olía a cuero viejo y a la victoria amarga de un hombre que se creía dios. Frente a él, el Dr. Arriaga cerraba su maletín, manteniendo una expresión profesional que ocultaba el peso de la mentira que sostenía.
— ¡Felicidades, señor Magnus! — dijo Arriaga con voz firme — Los últimos análisis lo confirman sin lugar a dudas. Su esposa está gestando a su hijo. El linaje Miller continuará con un nuevo heredero.
Brooke, que estaba apoyada contra la biblioteca con una copa