Al día siguiente, la mansión en los Hamptons amaneció envuelta en un aire engañosamente apacible. Pero bajo esa calma, Margaret ya tejía su red. Aprovechando que Aldric tenía una reunión virtual que lo mantendría ocupado hasta la tarde, organizó con premeditación una velada en el jardín principal, invitando a unas cuantas figuras de la alta sociedad con el pretexto de “una tarde íntima de amigos”.
El jardín estaba dispuesto con mesas de manteles marfil, candelabros de cristal y arreglos de rosa