—¿Qué… qué hace ella aquí? —preguntó Bianca, su voz apenas un hilo, traicionada por el nudo que se formaba en su garganta. Sus ojos, brillantes de emoción contenida, buscaron a Aldric, pidiendo por una explicación.
Margaret, con la precisión de un depredador, respondió antes de que Aldric pudiera abrir la boca. —Yo la invité, querida —dijo, su voz melosa pero cargada de malicia, mientras tomaba un sorbo de té con una calma exasperante—. Isabella fue una parte muy importante de la vida de Aldric