Bianca, con el rostro pálido como el mármol de una estatua rota, aferraba su taza de porcelana fina con manos que temblaban ligeramente, sus nervios tensos como cuerdas de violín a punto de romperse. El silencio era un velo frágil, roto solo por el suave tintineo de las cucharas contra las tazas, pero en el aire flotaba una tormenta inminente, cargada de traiciones y secretos sepultados.
Willow, la reina de la falsedad envuelta en un vestido azul claro que acentuaba su figura esbelta y altiva, l