El día amaneció como un lienzo de promesas, con un sol radiante que bañaba los Hamptons en tonos dorados, pero para Bianca, esa luz se transformó en una tormenta oscura apenas cruzó el umbral de la majestuosa mansión de los Thornhill. Aldric, con esa sonrisa suya que era como un faro en la tempestad, la había invitado con el corazón abierto, ansioso por presentarla a sus amigos más íntimos y, sobre todo, a su madre, Margaret Thornhill, la reina de hielo cuya mirada ya la condenaba sin haberla c