Bianca no podía sacarse la sensación de encima. Esa advertencia de Willow, tan pulida en su forma, escondía un veneno dulce, como si hubiera saboreado el instante exacto en que la dejó expuesta frente a todos.
Las palabras resonaban en su cabeza como un eco en una habitación vacía.
No iba a quedarse con la duda.
Con dedos temblorosos, buscó en su móvil el número desde el que había llegado el mensaje del falso embarazo. Lo miró unos segundos, como si el aparato pudiera darle respuestas por sí mi