El acuario-restaurante L’Abisso era un santuario de cristal y sombras azuladas situado en el corazón de la ciudad. Al entrar, el bullicio del tráfico desaparecía, reemplazado por el suave murmullo del agua filtrada y el movimiento hipnótico de miles de peces que se deslizaban tras las paredes de vidrio reforzado. La mesa que Alessandro había reservado estaba estratégicamente situada frente al tanque principal, donde una mantarraya de dimensiones colosales planeaba con elegancia sobre sus cabeza