Esa noche, una lluvia torrencial cayó sobre Solaviz. El cielo estaba oscuro, los truenos retumbaban a lo lejos y los relámpagos iluminaban por instantes las calles.
Dentro del cálido cuarto de juegos, Daven dormía profundamente sobre la alfombra; Josh se acurrucaba contra su pecho y Grace descansaba a salvo entre sus brazos.
Althea se quedó de pie en el umbral, observándolos con una presión que no sabía cómo nombrar.
Se acercó y susurró con suavidad:
—Daven…
Él se removió, parpadeando atontado,