Capítulo 395
Esta vez la sonrisa se borró de la cara del hombre cuando Daven se levantó, tomó la silla plegable y se la estrelló en la cabeza.

Un grito de dolor resonó. El grito fue brutal, pero nadie se atrevió a acercarse. Y menos cuando Daven parecía un depredador que aún no estaba satisfecho con su presa.

—¿Sigues sin querer hablar?

***

—Llega tarde —lo reprendió uno de los comisionados en cuanto Daven puso un pie en la sala de juntas.

El hombre estaba sentado en el lugar más cercano a la puerta. Como un
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