La lluvia caía suave al otro lado de la ventana, y el aroma a tierra húmeda se filtraba por una pequeña rendija del vidrio.
En la sala, Althea estaba acurrucada en el sofá, con una manta sobre el regazo. Tenía la mirada fija en el tenue parpadeo de la chimenea, cuyo resplandor derramaba un calor silencioso sobre la habitación en penumbra. Grace se agitó en sus brazos, pero no despertó: seguía sumida en un sueño tranquilo. Frente a ellas, Josh estaba inclinado sobre su cuaderno de dibujo, concent