—¡Mami, mira! ¡Grace está sonriendo!
La voz emocionada de Josh rompió la calma matinal que llenaba la acogedora sala.
Althea levantó la mirada desde el sillón en el que amamantaba a su bebé. Tenía la cara serena, aunque el cansancio aún se asomaba en sus ojos.
—Sí, mi amor… siempre sonríe cuando oye tu voz.
Josh se rio y sacó el pecho con orgullo mientras contemplaba a su hermanita.
—Eso quiere decir que le caigo bien.
—Claro que sí —respondió Althea, con la garganta apretada por una emoción que