El silencio que quedó en la mansión Aslan tras la salida de Leyla no fue el tipo de calma que se agradece. Fue el tipo que aprieta el pecho, como si los muros supieran que acababa de cruzarse un umbral invisible. Nadie se movía. Nadie respiraba del todo. La tensión aún no se iba, solo había cambiado de forma.
Eylül estaba en el suelo, temblando, con los brazos rodeando las rodillas. Nehir la sostenía sin decir palabra, pero sus ojos estaban clavados en el portón cerrado como si esperara que Le