El aire que antes parecía elegante ahora olía a traición. Ninguna esquina se sentía segura. Ni el mármol pulido, ni el café recién hecho, ni las paredes forradas en telas finas.
Nehir se despertó a las 5:34 a. m., sin necesidad del reloj. Llevaba noches sin dormir realmente. Se incorporó con movimientos calculados, como una espía en su propia vida. No se permitió contemplaciones frente al espejo. Se recogió el cabello, vistió el traje negro más sobrio que tenía, ese con los botones que jamás f