La puerta principal de la mansión Aslan se cerró con un golpe seco, como si el mismo mármol se negara a permitir lo que acababa de entrar. El eco del portazo se extendió por los pasillos como un presagio. En el vestíbulo, el silencio era tan espeso que podía cortarse con un cuchillo.
Eylül bajó la mirada. No por vergüenza, sino por confusión. Sus pasos eran lentos, como si no supiera si estaba entrando en un hogar o en una trampa. A su lado, Leyla caminaba con la cabeza en alto, los tacones res