La noche caía sobre Nueva York como una manta pesada, oscureciendo las calles bulliciosas y haciendo que los edificios de vidrio reflejaran la luz de los faros que parpadeaban con un resplandor amarillo. Samantha caminaba a través de los pasillos de Vaughn Enterprises, el sonido de sus tacones resonando en la quietud de la madrugada. Aunque no quedaba nadie más en el edificio, el peso de la misión que Alexander le había encargado aún la perseguía. Había algo inquietante en la forma en que él ha