Samantha corría a través de los pasillos del edificio, el sonido de sus pasos reverberando contra las paredes frías de concreto. El miedo la envolvía como una sombra, un velo que parecía empeorar con cada paso que daba hacia la salida. La llamada de Alexander seguía retumbando en su cabeza, pero no podía dejar que sus pensamientos la distrajeran. Tenía que llegar a la salida, y tenía que hacerlo rápido.
El edificio estaba en silencio, lo que le daba la sensación de que todo estaba en su contra.