El amanecer trajo consigo un resplandor dorado que bañaba las ruinas de la antigua ciudad. Por primera vez en siglos, la sombra había desaparecido, y con ella, el peso opresivo que había envuelto el lugar. Sin embargo, Samantha sabía que su victoria no era más que un paso en un camino mucho más largo.
Se puso de pie con dificultad, cada músculo de su cuerpo protestando por el esfuerzo de la batalla. Su respiración aún era pesada, y la energía que había sentido al liberar el corazón de la ciudad