El mundo se estremeció a su alrededor. El aire se volvía denso, como si cada respiración fuera más difícil de tomar, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para observarlos. La sala que antes parecía un santuario misterioso ahora se transformaba en algo mucho más grande, más vasto, casi infinito. La luz del medallón, que seguía brillando con la intensidad de un sol moribundo, proyectaba sombras largas y distorsionadas en las paredes del templo. Todo parecía estar en movimiento, pero al mis