Eleni lo mira, indiferente. Realmente no se mueve. Solo lo ignora un segundo y contesta sin levantar la voz:
—No es necesario. Gracias por preocuparte. No pierdas tu tiempo, esa cena es un “no”.
Otto suspira con teatralidad y se dirige a la barra para pedir un café, cuando la fila avanza: “latte griego con leche de almendras y una galleta de coco”.
La gente lo mira como un romántico apuesto. Él se atreve a mirar a Eleni con calma. Ella respira profundamente y se aleja.
Otto Zeller volvió al mis