Capítulo 52 – Traición y agonía.
La carretera secundaria que serpenteaba por las afueras de Sinaloa se extendía como una vena negra bajo la luna llena, el aire nocturno pesado con el olor a tierra seca, a gasolina quemada y a la promesa inminente de sangre que pronto empaparía el asfalto. Los sicarios rusos avanzaban en dos camionetas blindadas Ford Raptor modificadas, motores V8 con escapes personalizados que emitían un rugido bajo y controlado, faros apagados para fundirse con la oscuridad absoluta que solo rompía el brillo