―¿Qué? ―Río nervioso. ―Claro que no, realmente la quiero como mi esposa y reina. ―La miró con ojos inquietantes. —Verdaderamente la amo y solo deseaba que usted estuviera en su gran día. ―Mami Chuy lo miró por unos segundos y finalmente sonrió.
―¡Al fin esas jødidas me van a dar algo interesante! ―Ambos quedaron descolocados por la repentina alegría de la mujer. ―Ya le hacía falta un hombre a esa muchacha. ―Le dio una palmada en el brazo. ―Con ese esperma potente confío plenamente en que mi n