Capítulo 21. El poder y la ruina.
Emma sintió la tensión desde el lobby, pero al llegar al último piso, el silencio fue absoluto. Todas las miradas se clavaron en ellos.
Aferrada al brazo de Nicolás e impecablemente vestida, avanzó con la seguridad de la esposa de Nicolás Altamirano.
Al empujar las puertas de la sala de junta, los accionistas se callaron de inmediato. Nicolás no tomó asiento; se paró en la cabecera de la mesa, manteniendo a Emma firme a su derecha.
—Señores —comenzó Nicolás—. Los he reunido hoy para hacer un an