Capítulo 28. El verdadero heredero.
La respiración de Rodrigo se cortó cuando la figura de Nicolás se interpuso entre él y Emma.
Los ojos grises de Nicolás se oscurecieron por la rabia. No le hizo falta gritar para que Rodrigo sintiera su furia.
—Te di una advertencia muy clara la última vez que te vi arrastrándote como un gusano, Monte de Oca —gruñó Nicolás, dando un paso al frente hasta obligar a Rodrigo a retroceder—. Mírate nada más. Eres patético y ahora vienes a mendigarle a mi mujer.
Rodrigo tragó grueso, pero el orgullo h