La ceremonia se celebró en la antigua capilla de la finca, un edificio de piedra y vidrieras que Juliette había restaurado años atrás. El aroma a incienso y flores frescas llenaba el ambiente. Leo esperaba en el altar, luciendo un esmoquin que resaltaba su porte imponente. Pero antes de que Valeria entrara, su mirada se detuvo en el primer banco de la izquierda.
Allí, sentada con una manta fina sobre el regazo y asistida discretamente por una enfermera vestida de civil, estaba Rosa. Su madre se