La luz del sol en el penthouse de Leo no entraba de manera brusca; se filtraba a través de los ventanales inteligentes, bañando los suelos de mármol y madera con un resplandor dorado. Para Luca y Jazmín, ese despertar fue lo más parecido a un milagro que habían experimentado en sus cortas vidas. Acostumbrados al suelo duro o a colchones de lana apelmazada, la suavidad de las sábanas de algodón egipcio les resultaba casi sospechosa.
Luca fue el primero en abrir los ojos. Se quedó inmóvil, observ