La puerta de su habitación se abrió sin previo aviso, después de hablar por teléfono, Omar se había puesto en movimiento.
— ¡Sam! — Eleanor corrió a los brazos de su amiga.
En la habitación había entrado la silueta de una mujer, vestida de negro, elegante, calculadora y con una mirada que era toda negocio. Llevaba en sus manos un maletín de cuero y una expresión de intensa urgencia, era Samantha, su abogada y amiga.
— ¡Cariño, he estado tan preocupada por ti, estos días han sido un infierno! —