El piso franco de Brooklyn era un ejercicio de negación, las paredes desnudas y blancas, rechazaban cualquier atisbo de calor humano. Eleanor estaba sentada en un sofá de cuero tan frío como el destino que se cernía sobre ellos.
Sobre la mesa de centro descansaba la tarjeta de memoria de Isaac, una pieza de plástico cargada con la dinamita que haría explotar el imperio de Nasser.
Omar estaba de pie, mirando la noche neoyorquina a través de las persianas venecianas, su perfil era una silueta ten