La tensión en la mesa del restaurante de lujo se cortaba con el cuchillo afilado. Tariq Al-Farsi no sonreía. Su mano, anclada a la cintura de Eleanor, era un peso muerto, una declaración de propiedad. Omar Haddad, conocedor de la mitología ancestral, y completamente consciente de la rivalidad moderna, mantenía una calma irritante.
El socio, un magnate petrolero llamado Barakah, intentó romper el hielo.
— Tariq, me sorprende que no estés familiarizado con el trabajo de Omar. La Fundación Rosa del