Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol se filtraba tímidamente por las pequeñas ventanas enrejadas de la cabaña, pintando el suelo de madera con rayas doradas. El aire, antes denso por la humedad de la lluvia, ahora olía a leña quemada y a las hierbas secas que colgaban del techo. Elena, acurrucada en una silla junto al catre, había sucumbido al cansancio y dormitaba, el sonido suave de la respiración de Lucas como una nana extraña. Ramiro, inmutable, seguía sentado a la mesa, observando el mapa, una silueta en la quietud d







