El zumbido de las balas y los gritos de los mercenarios se habían alejado un poco, un indicio de que la férrea defensa de Ramiro estaba funcionando. Elena, atrapada en el coche volcado, se aferraba al teléfono de Lucas, las últimas palabras del Don resonando en su mente: "Proteja a Lucas. A toda costa". La vida del hombre que había amado, y la suya propia, dependían ahora de ella y de un fantasma del pasado.
Intentó soltar el cinturón de seguridad, sus dedos temblaban, pero la presión del dolor