El grito que dió Brielle fue tan fuerte que los pájaros que se encontraban descansando en la rama de un árbol, terminaron por salir volando. Ella terminó de rodillas en las piedras y a pesar de que se lastimó ni siquiera emitió un solo quejido.
Brielle abrazó a Analía con fuerza y comenzó a llorar de manera incontrolable, se mecía de atrás hacia adelante mientras sujetaba a la niña con desesperación.
—Tu madre fue una gran mujer, definitivamente no merecía la muerte que tuvo —ella se levantó y pude ver un sentimiento de odio en su mirada —pero no voy a dejar a los culpables en pie, lo juro por la memoria de mi mejor y única amiga que las cosas no van a pasar así.
Al final tuve que llevar a Brielle a la cabaña y recostarla ahí, todas las emociones que había experimentado en esos momentos la dejaron totalmente agotada.
—Quiero que le pase el reporte a sus superiores —le pedí al encargado de la autopsia de Antonia —esto no se puede quedar así, que rueden las cabezas que tengan que rodar.