Aleksander corrió conmigo mientras me cargaba y, sin más preámbulos, se tiró a la piscina. Ambos quedamos empapados y salimos a la superficie para tomar una bocanada de aire.
—¿Acaso te has vuelto loco? —pasé mis manos por mi cabello—. Estoy empapada.
—Y me encanta verte así —él olfateó mi cuello—. Te amo demasiado, Brielle.
Aleksander y yo estuvimos en la piscina por un buen rato. Luego de salir, fuimos a mi habitación para ver una película. Llegó la noche y él se tuvo que marchar, ya que ten