Alex había llegado a las 10:00 pm en punto, deteniéndose justo donde el callejón se unía a la vía principal, sin apagar las luces del sedán oscuro cuyo rugido anunciaba un motor potente bajo el capó, excelente para correr si necesitaban desvanecerse en la carretera.
Darío, Luciana y Elena se movieron como sombras pegadas a las paredes con rapidez y en cuestión de un par de minutos ya estaban en el auto, Elena se acurrucó en el asiento trasero, apoyada contra Luciana, que había subido detrás de