Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido del motor del camión no era tan ensordecedor como el latido de Luciana contra su caja torácica, se había girado hacia el compartimento de carga, donde Marco Bianchi estaba arrodillado, amordazado y magullado, su ropa, usualmente impecable, estaba hecha jirones.
— ¡Emilio! —La voz de Luciana, se alzó, ya no la de la arrogante Chiara, sino la de una mujer al borde del pánico — ¿Qué significa esto? Marco es







