Leo descendió por una escalera de metal que crujió bajo su peso. Después de un minuto que pareció una eternidad, su voz grave llegó desde abajo.
— Despejado.
Dario ayudó a Luciana a bajar. El refugio subterráneo no era una bóveda lujosa, sino una enorme sala de piedra con otros pasadizos anexos, seca y bien iluminada por lámparas LED de emergencia. El lugar estaba atestado de tesoros olvidados de la familia Ferraro.
No había mucha tecnología moderna, solo estantes altos hasta el techo llenos de