El pánico se convirtió en acción inmediata.
— ¡Rápido! Leo, suelta a Marco. Luciana, su arma. ¡Nos vamos por las mazmorras!
Dario aporreó de nuevo a Marco y lo desató dejándolo aturdido, incapaz de entender. Dario golpeó la pared, activando el mecanismo que deslizó el panel de acero de nuevo sobre la entrada.
— Esto servirá de señuelo. Que pierdan el tiempo tratando de abrir la bóveda del búnker principal.
El grupo se lanzó a través de un pasaje lateral que daba a las mazmorras. Era una red de