Dante no durmió aquella noche. No era por el insomnio, ese no era un problema nuevo… Hacía años que el descanso no era una parte estable de su vida, no desde que Valentina se fue de su vida. Esta vez el problema era otro… Sus hombres aunque investigaban sobre Alejandro, le daban siempre el mismo “final” o respuesta: La boda iba a suceder.
No era una suposición. No era una corazonada. Era un hecho que con el pasar de los días cada vez se acercaba más.
El informe estaba sobre su escritorio de madera oscura, perfectamente ordenado, con separadores codificados por colores. Fechas, nombres, ubicaciones, proveedores, rutas de traslado, contratos preliminares y hasta notas emocionales escritas por terceros. Sicilia ya no era una idea romántica, era un destino fijado con precisión matemática.
El apellido Moretti estaba a punto de sellarse con el de Valentina ante testigos escogidos no por afecto, sino por conveniencia. Él lo sabía bien, no era algo que él suele callarse pero está vez, por am