Valentina llevaba casi una hora sentada frente a la mesa larga del comedor, rodeada de carpetas, tablets y hojas sueltas, sin haber avanzado realmente. El sol de la tarde se filtraba a través de las amplias ventanas del penthouse.
El aire estaba cargado de un silencio que no era pacífico, sino expectante, como si todo a su alrededor esperara una decisión que ella no estaba lista para tomar.
Todo estaba ahí.
Fechas. Contratos. Reservas. Confirmaciones.