Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, en un ático lujoso en Kensington, Alejandro observaba su reflejo en el espejo de un baño elegante. Las manos apoyadas en el mármol frío, los ojos hundidos por el insomnio y la furia. Su cabello, usualmente impecable, caía desordenado sobre su frente, y una barba incipiente sombreaba su mandíbula.
La rueda de prensa había sido un desastre disfrazado de victoria… su padre, había hablado con autoridad, pero Alejandro sabía la verdad… El público no se ha