Valentina se acercó pero no demasiado, no puede dejarse llevar por cualquier tentativa que Dante le pueda dar, tiene que ser firme, mostrar también que es seria en estos momentos.
— Llegas puntual… —dijo sin girarse, su voz ronca cortó el silencio de tan solo unos segundos que se había creado apenas sintió a Valentina. — Eso me gusta.
— No estoy aquí para agradarte, venimos a hablar, ¿no es así?... Hablemos entonces. —respondió ella, dejando el abrigo puesto como una armadura improvisada, cruzando los brazos sobre el pecho.
Dante sonrió, girándose lentamente hacia ella. Esa sonrisa peligrosa, controlada, que curvaba sus labios de una manera que prometía tanto placer como dolor. La misma de antes, la que la había atrapado en su red años atrás, pero Valentina aun que intercambiaba miradas con él, seguía seria.
— Tranquila. —dijo, extendiendo una mano en un gesto conciliador. — Hoy no vengo a provocarte, ni a seducirte, eso vendrá después... Hoy vengo a mostrarte algo... Siéntate, por