La neblina matutina se aferraba a las torres de Luminaria como una memoria persistente. Bajo ese velo húmedo y silencioso, la ciudad parecía contener el aliento, como si supiera que el alba no traía solo luz, sino también revelaciones.
En el salón de los espejos, aún perfumado por las velas de lavanda encendidas durante la noche anterior, Amara caminaba descalza sobre las losas frías. Cada paso resonaba en la piedra, como si invocara ecos del porvenir. Su capa de seda caía con s