La medianoche había caído sobre Luminaria como un velo de terciopelo oscuro. Las calles estaban casi desiertas, apenas recorridas por patrullas mixtas de humanos, vampiros y lobunos que mantenían el orden tras el banquete. Sin embargo, bajo esa aparente calma, las sombras bullían.
Los ecos del enfrentamiento aún vibraban en los pasillos del Gran Salón. Algunos invitados se habían marchado murmurando que la paz era un espejismo; otros, en cambio, se habían retirado con la esperan