El viento del norte traía consigo un presagio de muerte.
Mientras la madrugada filtraba su luz pálida sobre los riscos, los vigías divisaron un movimiento extraño entre los árboles congelados: estandartes desgarrados con símbolos antiguos, guerreros lobunos de pelajes oscuros como la noche, y vampiros cubiertos con capas bordadas en oro carmesí. Marchaban juntos, con una determinación que erizaba la piel.