La noche había caído como un manto de terciopelo sobre Luminaria, cubriendo la costa con su abrazo oscuro y silencioso. Solo el murmullo constante del mar y el susurro del viento rompían el silencio, mientras las dos lunas gemelas colgaban bajas en el cielo, derramando una luz plateada y carmesí que bañaba todo con un brillo casi irreal.
La playa se había transformado en un anfiteatro natural, un escenario sagrado donde los pueblos que habitaban ese mundo se reunían para enfrentar juntos la amen